MARTY SUPREME: EL ARTE DE PERDER BAJO TUS CONDICIONES – CRÍTICA

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Luis Flores Rábago
Director, productor y postproductor que disfruta tanto hacer como ver cine. El laberinto del fauno, A Woman Under the Influence y Dont Look Back son parte de las películas que inspiran mi camino.

En el cine de Josh Safdie los personajes rara vez buscan redención. Lo que persiguen es algo más ambiguo: sobrevivir dentro de un sistema que constantemente los empuja al borde del colapso. En Marty Supreme, esa lógica encuentra un nuevo rostro en Timothée Chalamet, quien entrega una de las interpretaciones más físicas, verborrágicas y caóticas de su carrera.

La película sigue a Marty Mauser, un jugador de ping-pong cuya relación con el éxito es tan intensa como autodestructiva. Inspirado en la figura real del legendario jugador estadounidense Marty Reisman, el personaje encarna una variación bastante retorcida del arquetipo clásico del cine deportivo: el competidor que lucha por triunfar. Solo que aquí la épica desaparece.

Crédito: A24

En lugar de heroicidad, Safdie propone un protagonista egocéntrico, amoral y profundamente manipulador. Marty no es el underdog inspirador que suele dominar estas narrativas; es más bien un pícaro contemporáneo, alguien convencido de su propia grandeza incluso cuando sus acciones lo empujan constantemente hacia el fracaso. En ese sentido, la película dialoga con la galería de personajes marginales que han definido la obra del director. Como ocurría con el protagonista compulsivo de Uncut Gems (2019), interpretado por Adam Sandler, aquí encontramos a una figura atrapada en un movimiento perpetuo, incapaz de detenerse porque hacerlo implicaría confrontar la fragilidad de sus propias aspiraciones.

La puesta en escena acompaña esta lógica psicológica. Safdie filma con una energía nerviosa y un ritmo frenético que privilegia la inmediatez sobre la contemplación. La cámara rara vez encuentra reposo; se mueve con la misma intensidad errática que su protagonista, como si la película misma estuviera atrapada dentro de su espiral de impulsividad. El resultado es un relato que reproduce la ansiedad del personaje y convierte cada escena en una especie de carrera constante contra el colapso.

Crédito: A24

El trabajo del director de fotografía Darius Khondji aporta una textura visual que oscila entre lo elegante y lo caótico. Khondji, responsable de imágenes memorables en películas como Se7en (1995) de David Fincher, construye aquí una estética que mezcla glamour y desgaste. La imagen parece moverse entre el aura casi mítica del campeón y la fragilidad emocional que rodea a Marty, reforzando la sensación de que su éxito es, en realidad, una ilusión sostenida apenas por la inercia.

A esta atmósfera se suma el score del compositor electrónico Oneohtrix Point Never, cuya música funciona como un sistema nervioso permanente dentro de la película. Más que acompañar la acción, el sonido parece presionar el ritmo del relato, amplificando la sensación de ansiedad que atraviesa cada escena.

En el centro de todo está Chalamet. Su interpretación transforma a Marty en un torbellino de palabras, gestos y contradicciones. El actor abandona cualquier rastro de contención para construir un personaje excesivo, magnético y profundamente incómodo. Marty habla demasiado, se mueve demasiado y cree demasiado en sí mismo. Esa mezcla de carisma y arrogancia convierte al personaje en un espectáculo fascinante incluso cuando sus decisiones lo empujan inevitablemente hacia el desastre.

Crédito: A24

No sorprende que este papel haya vuelto a colocar a Chalamet en la conversación de premios, sumando otra nominación al Oscar y consolidando uno de los momentos más sólidos de su carrera. Convertido en el actor más joven desde Marlon Brando en conseguir tres nominaciones al Oscar a Mejor Actor, Chalamet consolida en este 2026 uno de los momentos más sólidos de su carrera. Después de su primera nominación por Call Me by Your Name (2017), el actor ha ido construyendo una filmografía que alterna sensibilidad dramática con proyectos de gran escala, desde Dune (2021) hasta propuestas más excéntricas como esta. Aquí demuestra una faceta distinta: menos introspectiva, más impulsiva, casi caótica.

Pero quizá lo más interesante de Marty Supreme es que nunca intenta justificar a su protagonista. La película entiende que las cualidades que hacen de Marty un personaje insoportable son, al mismo tiempo, las que lo mantienen en movimiento. Su ascenso no ocurre a pesar de sus defectos, sino gracias a ellos. Safdie parece sugerir que, dentro del espectáculo contemporáneo del éxito, la moralidad es un detalle secundario. Lo importante es seguir jugando, incluso cuando el juego está claramente perdido.

En última instancia, la película se convierte en un retrato sobre la obstinación: la necesidad casi absurda de seguir creyendo en uno mismo cuando todo indica lo contrario. Y quizá por eso resulta tan fascinante. Porque en lugar de contarnos una historia de triunfo, Marty Supreme nos habla del extraño arte de perder… sin dejar nunca de actuar como si todavía estuviéramos ganando.

Crédito: A24

¿Crees que Marty Supreme logra desmontar el mito del héroe deportivo tradicional? ¿Te convence esta manera de convertir el fracaso en el verdadero motor narrativo de la película? ¡Cuéntanos en los comentarios!

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